Desde el espanto

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  • 20 de Julio de 2016
Desde el espanto

¿Qué podemos hacer para no volvernos violentos?

Estas últimas semanas han estado especialmente dibujadas por distintos actos violentos, el 11 de junio en Orlando, el 14 de julio en Niza, el 19 en un tren de Alemania. Hace un año por estas mismas fechas se detuvo a una mujer en Lanzarote por reclutar jóvenes para movimientos fundamentalistas. Escuchamos estas noticias y respiramos hondo pensando en cómo puede radicalizarse una persona a tal punto.

Esas personas fueron niños y niñas, tuvieron una familia, fueron a un colegio, como nosotros, como nuestros niños y niñas. Tuvieron amigos, fueron a fiestas de cumpleaños, al parque, a los centros comerciales, al campo. Parecía que todo iba bien, hasta que un día tomaron un camino, una decisión tras otra…

Es un tema que me atrae porque me recuerdo de adolescente buscando un ideal, un lugar, unas ideas por las que dar la vida. Me recuerdo convenciendo a otros, invitando a otros adolescentes a nuestro grupo de jóvenes, para que compartieran nuestra manera de ser. Ha sido una experiencia de mucha vida y mucho crecimiento. Pero ahora me pregunto ¿qué hubiera sido de mi si hubiera escuchado a otras personas? ¿Si hubiera conocido otros líderes?

Es escalofriante pensar en esto, pensar en nuestros niños y jóvenes que tienen acceso a tantas personas por medio de internet, que pueden contactar con tantas organizaciones…

Porque no puede ser el miedo el que rija nuestras vidas y es un tema complicado, me atrevo a tratarlo para ayudarnos unos a otros y darnos luz.

 

¿Qué te parecen estas claves?

 

CUIDADO con...

TRABAJEMOS por...

El aislamiento. Un poco de privacidad es importante pero una persona que pierde el contacto con su familia y amigos puede estar en serios problemas. Entre más grupos distintos tenga un niño (clase, deporte, amigos), tendrá menos posibilidad de aislarse.

Aprender a expresar lo que necesitamos y a escuchar lo que otros necesitan. Escuchar nuestras emociones y sentimientos y aprender a gestionarlos.

Es bueno tener convicciones y valores, aprender a defender lo que consideramos importante, pero esa defensa no puede ser a costa de otros. Un antiguo proverbio dice "es admirable morir por una idea, pero matar por ella jamás". Yo creo que es peligroso todo ideal por el que se deba morir, porque muy fácilmente puede llevar a justificar hacer el mal por ese ideal.

Escuchar múltiples opiniones acerca de un tema y aprender que desacuerdo no es lo mismo que enemistad.

Los adolescentes necesitan apasionarse por algo. Más nos vale que en nuestras sociedades les brindemos buenas razones para que esa pasión no busque un camino negativo.

Provocar experiencias de contacto con otras realidades, voluntariados, viajes, que puedan abrir la mentalidad.

Darles recetas, respuestas, excesivas reglas, pensar por ellos.

Que tengan un pensamiento capaz de cuestionar lo que dice la mayoría, con razones, con ejemplos.

Los adolescentes que no se cuestionan la autoridad, que no tienen crisis de identidad, pues la necesitan para lograr ser ellos mismos.

Dialogar, dialogar y dialogar…

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