Los sentimientos una brújula en la vida, también en el aprendizaje

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  • 08 de Abril de 2016
Los sentimientos una brújula en la vida, también en el aprendizaje

Aprender es descubrir que algo es posible (Fritz Perls)

“No te enfades”, “El que se enfada pierde”, “¿Llorar?, solo las niñas”, éstas y muchas frases más son dichas por personas significativas durante nuestra infancia, incluso pueden ser frases que nosotros repitamos a los niños o adolescentes con los que convivimos.

Culturalmente, cargamos a los sentimientos de diferentes mensajes, en ocasiones poco positivos, para el desarrollo de las personas. Incluso hay postulados que invitan a “controlar los sentimientos”, como si fueran algo poco funcional y hasta a veces incómodo en nuestras vidas. Desde mi perspectiva, controlar los sentimientos sería tanto como querer controlar el hambre, controlar el sueño o controlar las ganas de ir al baño.

Humanamente hemos sido dotados desde el nacimiento con la capacidad de sentir, de hecho es algo que ocurre, sin que nosotros queramos, todo el tiempo estamos sintiendo, desde el frío, el calor, el aire, los olores agradables, los desagradables, todo. Podemos verlo por ejemplo al ir caminando por la calle, al ver una pareja abrazada, o una señora gritándole a un niño, o a dos adolescentes peleando, todas estas cosas, nos generan a nivel emocional cierto impacto unos con más intensidad que otros.

 

Aprendemos a esconder nuestros sentimientos

Conforme crecemos, el mundo nos enseña a “esconder” nuestra experiencia emocional, a no dejarnos sentir lo suficiente algo, a negarlo o a no mirarlo. Lejos de vivir a las emociones y sentimientos como algo que nos ayuda, los vemos como algo que nos estorba para poder hacer eso que debemos de hacer.

Entonces tenemos un niño que se enfada en la escuela porque la profesora le llamó la atención por algo que el considera “injusto”, el niño le contestó a la profesora, frente a los compañeros, le hizo saber de formas adecuadas o no adecuadas, que no estaba de acuerdo. Probablemente se envíe casa, una incidencia o un parte de disciplina en donde se explique la situación y se expongan los puntos por los cuales el niño se hace merecedor de cierto "castigo". Tal vez los padres además lo dejen sin televisión o sin sus juguetes por algún tiempo determinado.

En esta escena, nadie se detuvo en la emoción, en el sentimiento del niño, solamente en la causa y la consecuencia de un acto. Más allá de ver si tiene o no la razón el niño, podríamos detenernos en su emoción, en validar su enfado, en decir “te veo enfadado”. Algunos procesos terapéuticos se centrarían en sostener el enfado del niño, en dejarlo estar, en preguntarle ¿cuál fue la injusticia?, ¿qué fue lo que lo saco de quicio?, ¿en dónde se sintió transgredido?...

 

Los sentimientos tienen mucho que decirnos

¿Para qué sirve que nos enojemos?, ¿Qué nos indica nuestro cuerpo cuando sentimos que nos hierve la sangre, que nos sonrojamos?, ¿Esta energía tan fuerte que sentimos por dentro que nos hace elevar la voz o tener movimientos fuertes?, ¿Para qué sirve?, ¿No sería más fácil que si hicimos algo mal, pagáramos la consecuencia sin sentir nada?

El enfado nos hace saber que nuestros límites fueron sobrepasados, que estamos siendo invadidos o transgredidos y nos habla de la necesidad que tenemos de poner un límite. Piensen por ejemplo en algún momento en donde se hayan sentido enfadados, ¿qué pasaba? ¿quiénes estaban? ¿cuál fue el límite que fue sobrepasado?...

La postura tradicional abogaría por hacer que el niño cumpla el castigo, reconozca su fallo, y si es necesario pida una disculpa, sin un ápice de conciencia emocional sobre lo que le pasó. Las posturas más actuales implican detenernos más en nuestra emoción para poderla usar a nuestro favor, el enojo nos sirve como brújula cuando nos estamos sintiendo rebasados o transgredidos por algo, si contactamos y tomamos conciencia de esta capacidad nuestra, en el futuro sabremos que es imposible “no enojarnos”, lo que es posible es “hacer como que no nos enojamos”, tendremos mucha más conciencia sobre lo que nos “transgrede” y lo que no, esto nos permitirá tomar decisiones más congruentes con nosotros durante nuestra vida.

¿Quizás te ayude preguntarte? 

¿Qué ideas son las que tienes sobre los sentimientos?

¿Cuáles son las creencias que se repiten en tu familia sobre los sentimientos?

 

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