¿Por qué los niños mienten?

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  • 02 de Mayo de 2016
¿Por qué los niños mienten?

"Te va a crecer la nariz como a Pinocho"

En muchas ocasiones he visto y escuchado a padres y maestros reprender a los niños por mentir. Cada una de estas situaciones son diferentes por el contexto en donde se presentan pero similares en cuanto al reproche de los adultos, que generalmente consideran la mentira como algo “malo” que debe ser castigado.

Desde la psicoterapia Gestalt, el ser humano siempre realiza ajustes en función de lo que encuentra en el entorno, la mentira es un ajuste a la realidad experimentada.

Pongamos el ejemplo de un niño que al comer derrama su bebida sobre la mesa. Supongamos que nadie lo ve en ese momento y en cuanto llega algún adulto a preguntarle si él ha sido quien derramó el líquido, la respuesta es “no”. Todo parece indicar que “él fue”, sin embargo, no lo reconoce.

Es probable, que los padres o maestros, se enfaden y le impongan algún castigo no sólo por tirar su bebida sino porque mintió. Sin embargo, ¿qué es lo que lleva al niño a mentir? ¿Por qué no decir la verdad? ¿Será que el niño tiene una incapacidad para reconocer sus actos? ¿Es por maldad?

Es imposible tener una respuesta única a esta pregunta, lo que sí es posible es detenernos a mirar la experiencia del niño, y preguntarnos ¿qué es lo que él está viviendo? Derramó su bebida, eso probablemente le hizo experimentar cierta vergüenza pudiendo crear ideas de torpeza o inhabilidad. Si nos detenemos, “tirar una bebida” parece que no es tan grave, sin embargo, a nivel emocional, puede ser muy angustiante para el niño, de hecho lo es, tanto, que el mejor ajuste que puede hacer es negarlo. De esta forma logra, aunque sea por unos instantes, que la vergüenza y/o la inadecuación que siente disminuyan.

DAR LUGAR A LA EXPERIENCIA EMOCIONAL

Tomando en cuenta que el ser humano hace lo mejor que puede, lo mejor que está pudiendo hacer el niño de nuestro ejemplo, que siente vergüenza, es mentir, parece que aún no está listo para exponer más su vida emocional.

Si los padres llegan a regañarle, diciendo que “ellos saben que fue él”, la vergüenza y/o la inadecuación del niño podrían desbordarle. Es, como si se “desnudara la experiencia emocional”, cuando aún no está listo. Otra opción sería que los padres pregunten, acepten la respuesta y aunque saben que ha mentido, le pidan ayuda para recogerlo, de esta forma se daría lugar a la experiencia emocional, tal y como es, como está y sin querer modificarla.

Cabe aclarar que la experiencia emocional puede tener muchos matices, la vergüenza e inadecuación son solo unos ejemplos de lo que puede vivir un niño que dice mentiras.

Con esto no quiero decir que la mentira sea “buena”, en muchos códigos religiosos o de moralidad, la mentira es castigada, profesionalmente me corresponde ver a la mentira como un ajuste, considero, que un niño que se sabe aceptado, amado, perteneciente (a pesar de tirar su bebida y a pesar de mentir), tarde o temprano no necesitará la mentira para ajustarse, se sentirá mucho más libre. Y al tener registro de la experiencia de ser amado incondicionalmente, se permitirá “exponer su vida emocional”, sin experimentar altos niveles de angustia y por lo tanto, cada vez será menos necesario recurrir a ella.

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