Secuestro por la amígdala en tiempos del whatsapp

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  • 08 de Junio de 2016
Secuestro por la amígdala en tiempos del whatsapp

Inteligencia emocional en la era de la información

Hace poco escuché una conferencia sobre inteligencia emocional en la que Daniel Goleman utilizaba la expresión "secuestro por la amígdala" para referirse a esos momentos en los que reaccionamos de una manera impulsiva y algunas veces nos arrepentimos de lo que hemos hecho. La amígdala es el lugar donde se observa gran actividad cerebral cuando tenemos emociones.

Claro que si esta actuación impulsiva nos lleva a cometer un error en un juego de mesa, las consecuencias son mucho menores que si el enfado nos lleva a gritarle a nuestro compañero de trabajo.

¿Qué es lo que nos pasa?

Al parecer algunas veces, la conexión entre nuestro cerebro emocional y el cerebro  más complejo y evolucionado (neocortex), se rompe o se descompensa. Todos conocemos personas que parecen no emocionarse y permanecen siempre ecuánimes. Lo mismo que personas que parecen dominadas por las emociones de tal manera que nublan su pensamiento. Lograr el diálogo entre esas dos cualidades del cerebro es una tarea de toda la vida y lograrlo medianamente, es lo que podemos llamar tener una inteligencia emocional. Es un proceso que se logra poco a poco, de manera que no podemos esperar un equilibrio emocional en los niños y adolescentes como se esperaría de un adulto.

Aunque mantengamos un cierto equilibrio, la mayoría de nosotros vivimos esos momentos de secuestro por la amígdala en los que actuamos sólo guiados por emociones.

Una manera de cuidar el diálogo entre estas dos cualidades de nuestro ser, es "esperar", "respirar" "parar", esto es lo que nos permite, en muchas ocasiones tomar una decisión guiada por las emociones y el pensamiento más complejo, de manera que ambas cualidades nos ayuden a tomar decisiones que favorezcan nuestra supervivencia y desarrollo.

Un aprendizaje importante en la era de la información

En la época actual necesitamos aprender a parar, esperar, respirar. La era de la información nos da a cada segundo infinidad de datos, la tecnología reduce nuestro tiempo de espera en la mayoría de las actividades diarias y cada vez nos cuesta más esperar a un ordenador lento que tarda más de 5 segundos en cargar una página web.

Esta manera de vivir nos invita a tomar pequeñas decisiones a cada instante sin parar. Algunas sin aparente trascendencia. 

La manera instantánea de comunicarnos con los otros se vuelve un riesgo, si no sabemos parar y dejar que nuestro cerebro tenga el tiempo suficiente para que el pensamiento y las emociones dialoguen.

Los que tenemos ya cierta edad, sabemos bien que en nuestra adolescencia algunos enfados ocasionados por ejemplo por un mensaje escrito en una carta, pasaban a la historia sin trascender cuando llegaba el tiempo de volver a ver a un amigo o cuando decidíamos contestar la carta. El tiempo entre una acción y otra, nos daba la oportunidad de responder, sin que nuestro enfado nos llevara a hacer algo de lo que arrepentirnos.

Esta reflexión quiere invitarnos a respirar, parar y esperar  antes de contestar un whatsapp o de escribir en el grupo de padres/madres o de profesorado, acerca de lo molesto que estoy con el profesor, la madre de fulanita, el amigo de mi hija,  el entrenador o el director. Escribimos muchas veces sin averiguar lo que ha sucedido y nos comprometemos escribiendo juicios de los que después nos arrepentimos. Lo mismo con nuestros familiares, unos minutos de espera antes de contestar un mensaje pueden ser la gran diferencia en una relación.

¿Qué estrategias utilizas para esperar, respirar, parar, contemplar la naturaleza y sus ritmos, dejar que los silencios y las pausas nos revelen su sentido para la vida?

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